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Alfred Nobel

 

 

ROMANCE DE DOÑA ALDA


En París está doña Alda,

la esposa de don Roldán,

trecientas damas con ella

para bien la acompañar:

todas visten un vestido,

todas calzan un calzar,

todas comen a una mesa,

todas comían de un pan.

Las ciento hilaban el oro,

las ciento tejen cendal,

ciento tañen instrumentos

para a doña Alda alegrar.

Al son de los instrumentos

doña Alda adormido se ha;

ensoñado había un sueño,

un sueño de gran pesar.

Despertó despavorida

con un dolor sin igual,

los gritos daba tan grandes

se oían en la ciudad.

- ¿ Qué es aquesto, mi señora,

qué es lo que os hizo mal ?

- Un sueño soñé, doncellas,

que me ha dado gran pesar:

que me veía en un monte,

en un desierto lugar,

y de so los montes altos

un azor vide volar;

tras dél viene un aguililla

que lo ahincaba muy mal.

El azor con grande cuita

metióse so mi brial;

el águila con gran ira

de allí lo iba a sacar;

con las uñas lo despluma,

con el pico lo deshace.

Allí habló su camarera,

bien oiréis lo que dirá:

- Aquese sueño, señora,

bien os lo entiendo soltar:

el azor es vuestro esposo,

que de España viene ya;

el águila sodes vos,

con la cual ha de casar,

y aquel monte era la iglesia

donde os han de velar.

- Si es así, mi camarera,

bien te lo entiendo pagar.

Otro día de mañana

cartas de lejos le traen;

tintas venían de fuera,

de dentro escritas con sangre,

que su Roldán era muerto

en la caza de Roncesvalles.

Cuando tal oyó doña Alda

muerta en el suelo se cae.