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Alfred Nobel


 

EN EL DÍA DEL MAESTRO


El amigo Miguel Martín me propuso la idea de que hablase del maestro en este Colegio de ATS de Granada. Tengo que reconocer la ilusión que me produjo, sobre todo, porque hubo un tiempo que ejercí la enseñanza. A veces recordar, emociona y reaviva el corazón. Confesaré mi admiración hacia los maestros que han hecho de la educación su actividad vital.

Vital porque trasciende y enciende los valores y el buen humor tan necesario para dar amor. Que sólo se da lo que se tiene.

Me gustan los maestros que tienen paciencia y carácter, porque su acto es arte como arte es la palabra del poeta cuando contempla el mundo. No hay mejor forma de aprender que enseñando.

Enseñando, que los discípulos son la biografía del maestro y el maestro la radiografía de sus alumnos.

Se trata de ejercer el Magisterio con la autoridad debida, pero sin autoritarismos, con el conocimiento de los alumnos para atinar en el buen tino, y en el níveo tono, de qué debe enseñarse, de cómo debe enseñarse y para qué debe enseñarse.

Es cierto, ante tanta crisis de autenticidad hemos de registrar la docencia como bandera y la decencia como signo de luz.

Bravo por esos maestros que no se hicieron funcionarios, bravo por esos maestros que saben que la educación hace al hombre, bravo por el culto a la educación como cultivo de cultura, síntesis de cultura, transmisión de cultura, individualización de cultura.

El culto a la cultura, humaniza. Porque penetra en el corazón.

Los maestros son aquellos que dan ejemplo y amasan lo educativo como creación. La creación como arte. El arte como vida. La vida como belleza. La belleza como rasgo de la poesía. La poesía como estela cósmica.

Porque la más nívea formación consiste en trasformar
el bien cultural, en bien educativo.Y lo educativo en un acto de amor.Y el amor en un acto de alma.
Y el alma en un acto de esperanza.

Los aquí reunidos habéis conseguido la cátedra de la vida y eso me llena de gozo. Porque las edades de la vida, son como escaleras del verso, cuántas más subes, más gozosa es la bajada.

La urbanidad es una obligación
vital para crecer por dentro,
que es lo que vale y lo que vive.
Lo que vive y lo que vale,
es el latido del alma,
la ética de la estética,
la acción de los maestros
que cultivan lo que predican,
que predican a corazón abierto
para ganarse el cielo.

Frente a ese mundo perdido, hemos de volver a la casa del maestro y vestirnos de sueños.

Porque ya ni la escuela enseña para la vida,ni la vida universitaria es una forma de consagrarse a la exploración de la verdad.

La educación va mucho más allá. Y el maestro, con sus energías espirituales, es fedatario de la luz.

A eso he venido, a dar luz.
Porque yo soy la paz
y en paz florezco.
Porque yo soy la esperanza,
la que viene de Dios y en Dios se halla.
¡Y hallados en Él se gana la vida!.
Porque yo soy la caridad,
la que purifica el amor,
y lo eleva a la cima del gozo.
¡Y en tan alto gozo, reposa la luz!


En todo caso, no dejemos olvidar el día del maestro; de ese señor o señorita que ejerce como tal, valorando al estudiante como persona. Porque la meta del admirado maestro no es hacer, y hacer, sino despertar.

Despertar y creer que crear es comunicar.
El Modelo es Cristo.

El porvenir está en manos del maestro de escuela. De ese maestro entregado al mundo de los niños, que espera conseguir un mundo nuevo bajo un aire nuevo. Ya lo dijo Kant: “Tan solo por la educación puede el hombre llegar a ser hombre. El hombre no es más que lo que la educación hace de él”.


Víctor Corcoba Herrero

 

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