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Alfred Nobel

 

Visita

Un ángel de niebla y ceniza

viniera a mí en el atardecer

con su muda voz sacudida,

y abriera desmesuradamente

sus ojos sin dimensión,

sus ojos vacíos navegando.

Viniera en el atardecer

hasta mi distante ventana,

y sacudiera su voz

de áfonas sonoridades,

de áfona intemperie tonal,

al tardío atardecer,

envuelto en insondable niebla.

Y me mirara con sus ojos

inalcanzablemente lejanos,

errantes por la interioridad

de mis criaturas inconsolables.

Un ángel de niebla y ceniza,

un ángel de despiadada mudez

frente a mi remota ventana,

con sus labios inútiles llamando,

irreconociblemente mío.

Ulises Varsovia