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Alfred Nobel


 

 

Oda a la Rutina

Vanagloriándose van,
celos, infidelidad,
odio, miseria, envidia...

Van, vienen, sentimientos
que matan el amor,
aún si es verdadero.

La voraz Rutina...
peligrosa en su afán
de arruinarlo todo,
con lo común de los días.

Yo te quisiera, Rutina,
la del amor en mi vida...
Rutina de apuro,
de olvidos y besos.

Rutina de sábados,
en el jardín hogareño;
Rutina en domingo
de familia unida.
Rutina de amor,
en mi corazón desierto.

En cada estación,
nublada o soleada,
tener la Rutina
de verte a mi lado,
cada mañana,
despertar conmigo.

Sentirte la piel
y, aunque estés dormido,
hacerte el amor,
regando de lirios
tu cuerpo tranquilo.
¡Y sentirme viva
con rozar tus manos!
Cuando abras los ojos
comenzar el día, otro,
rutinario...

Pero nunca igual,
nunca igual el beso,
nunca igual el roce,
nunca el mismo amor.

Sí, parece extraño,
pero a la rutina,
sólo hay que pintarla,
escribirle un verso
o, quizá una prosa;
obsequiarle flores,
colmarla de amigos,
llenarla de besos;
tallarla con goce,
convertirla en diosa;
esculpir su alma
con la tolerancia,
para así cambiarla,
que sea bondadosa.

Que al amor perenne,
cada nueva aurora,
le brinde calor...
¡Jamás lo destroce!


Matilde Maisonnave

 

 

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