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Alfred Nobel

 

María Soledad



Cuando tu llegaste
la alegría se junto a la ternura,
nos fascinó tu llanto,
dulce manera de hacernos saber
que ya estabas con nosotros.

El horizonte a pesar de la noche
se agigantó e iluminó,
los dichosos ojos
estaban inundados de dicha represada,
plenos de luz y curiosidad.

Qué difícil resultaba
calmar el corazón, que desbocado
impedía abrazar tanta felicidad;
razón y cerebro también,
absortos e impotentes espectadores,
tardaron tanto en procesar
la ráfaga de sueños y sensaciones,
que contigo, cuanto se multiplicarían!

Qué hermoso será abrazarnos entre más,
cuan amenas serán nuestras charlas,
cuando con tus palabras
nos hagas partícipesde tus ocurrencias,
ensueños e inquietudes.

Que decir de tus cariñosos besos,
Cuán dulces serán?
Cuán cálidos tus abrasos?
Y tus ojos, qué color tendrán
y que tan profundo podré navegar en ellos?

Siento sí, que toda la paz,
la determinación y fortaleza
del universo inunda mi espíritu,
que con tan sólo una sonrisa tuya,
con tus primeros sonidos
no habrán imposibles ni agotamiento.

Hoy a un mismo instante,
has puesto en mi cuerpo
unas alas inmensas y un ancla fuerte,
para volar y soñar más,
pero con el corazón y cerebro
abrasando el hogar
y las imágenes de mis vidas,
mis compañeras, mi brújula
tu madre que amo
y tú mi bebé que adoro.

Hoy nos sentimos más,
hoy empesamos a ser más,
con la bendición de la maternidad
de mi compañera y mujer,
hoy y para todos nuestros días
tendremos tu calidez
y la felicidad inconmensurable
de tu compañia.

Milton Alvarez