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Alfred Nobel

 

 

AUNQUE SOPLÓ TUS PÁRPADOS...

Delfina Acosta

 

Aunque sopló tus párpados la muerte

el aire de tus odas sigue puro,

por eso te converso en esta tarde

Neruda, hermano, y traigo en mi saludo

la letra titilante de la brisa,

la hiedra vigorosa de los muros,

las siete vanidades del zafiro,

y las pestañas de mi amor desnudo.

La paja de las cosas más sencillas

subió por tu palabra haciendo un humo

con que llenaste casas y poblados.

Y a aquella hoguera no faltó ninguno.

Y a quien no fue me puse a hablar de ti.

Le sigo hablando en este soplo y pulso.

Ya todos aprendieron tu lección

de rosa roja en un cerrado puño.

Los niños te saludan. Canta el agua

con tu canción. Y luego le hace dúo

aquel silbido de las verdes piedras

por las que sopla el cuerno de los juncos.

Adiós. Buen día. Que descanses, Pablo.

Tu amigo y tu enemigo están de luto

por ti calientemente muerto ayer.

¡Y sin embargo vivo cual ninguno!