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Alfred Nobel

OJO SOLAR OCULTO EN EL TRINEO DE AGEB

 

El doble arpón con anzuelos ya está listo.
Brilla el perfil, brillan las uñas, tu vestidura brilla
cuando del gran océano nace el huevo roedor
que trina y vuela hasta la noche.

Vístete con la túnica de ojos, toca la tenue enredadera creciendo en los altares.
Ella moría de vivir de tus profanaciones.

¿Así, volátil, me inclinarías hacia el oleaje
  de imaginación lastimada y aprendida en el derrumbe? Amabas la piedad del buitre.
Amabas la piedad chorreante del grito.
¿Pero quién imaginó -en qué tiempo- la raíz en la gruta,
la feroz mansedumbre que es veneno encantado
cuando llaman a la puerta
con el golpe de fragua insistente:
muralla debajo de la arena?

Vístete con los desechos.
Harías feliz a tus padres con un cántaro de crines.
Ellos también regresan del agua mezclada con el viento.
Esta mudanza se consigue por un rostro de fuego, por las limaduras de herrumbre toda de un metal venerado,
por el latido.

No siempre te ofrecían trampas en el mundo.
Debiste encarnar en los inviernos
la figura de espumas que en la espuma se ilumina
y disimula la noche roja de mi ausencia.
Distraídamente, el silencio se esparcía.
¿Y quién se hunde en este filo?
Por detrás de la rueda musical
invéntanos el estupor de la historia,
átanos a las tejas de la mansión susurrada
por vivos y por muertos.

Todas las noches digo adiós a mis súbditos
y la boca desprende un aliento de azafrán herido:
como fragancia en la quietud del mármol.
Antorchas, países, procesiones, un camino de agujas,
el aullido de un lobo en un crepúsculo de Van der Weyden, una reja, una hierba, un embustero,
el ocelote dormido en el jardín de Mayáhuel,
pasarán por estos ojos.
La espera se empuña Es una espada.
Salmodia un oráculo de lámpara de aceite.
Anuncia desde la fiebre al Hijo del Trueno.

Vístete con traje de pelo de murciélagos.
Bebe el agua lustral de los diamantes.

Esta progenie de remotas lenguas
vaga con sus hijastras de límite en límite
hasta el lugar en que los sicomoros flamígeros
narran la historia de un dios replegado en tu vientre.
¿Todo era aún cuando entonces?
Oblígate a entrar en el último e innominado.
El dios elige como tigra de presa 
su mejor disfraz.

Manuel Lozano
Barcelona, fines de junio de 2007