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Alfred Nobel

 

 

NOCTURNO
José Asunción Silva

Una noche...

una noche toda llena de perfumes,
de murmullos y de músicas de alas.

una noche,

en que ardían en la sombra nupcial y húmeda,
las luciérnagas fantásticas a mi lado,
lentamente, contra mí ceñida,
toda muda y pálida

como si un presentimiento de amarguras infinitas,
hasta el fondo más secreto de tus fibras te agitara,
por la senda que atraviesa la llanura florecida
caminabas,
y la luna llena por los cielos azulosos,
infinitos y profundos
esparcía su luz blanca,
y tu sombra, fina y lánguida,
y mi sombra
por los rayos de la luna proyectadas
sobre las arenas tristes
de la senda se juntaban...
y eran una , y eran una
¡y eran una sola sombra larga!

¡Y eran una sola sombra larga!

¡Y eran una sola sombra larga!

Esta noche solo,
el alma llena de las infinitas amarguras
y agonías de tu muerte,
separado de ti misma, por la sombra,
por el tiempo[y la distancia, por el infinito negro,
donde nuestra voz no alcanza,
solo y mudo por la senda caminaba,
y se oían los ladridos de los perros a la luna,
a la luna pálida
y el chillido
de las ranas...

Sentí frío; ¡era el frío que tenían en la alcoba
tus mejillas y tus sienes y tus manos adoradas,
entre las blancuras níveas
de las mortuorias sábanas!

Era el frío del sepulcro, era el frío de la muerte,
era el frío de la nada...
y mi sombra
por los rayos de la luna proyectada,
¡iba sola, ¡iba sola,
¡iba sola por la estepa solitaria!

Y tu sombra esbelta y ágil,
fina y lánguida,
como en esa noche tibia de la muerta primavera,
como en esa noche llena de perfumes,
de murmullos
y de músicas de alas,
se acercó y marchó con ella,
se acercó y marchó con ella,
se acercó y marchó con ella...

¡Oh las sombra enlazadas!

¡Oh las sombras que se buscan y se juntan en las
noches de negruras y de lágrimas!...