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Alfred Nobel

 

EL POETA 
Antonio Machado



Para el libro La casa de la primavera, 
de Gregorio Martínez Sierra. 

Maldiciendo su destino 
como Glauco, el dios marino, 
mira, turbia la pupila 
de llanto, el mar, que le debe su blanca virgen Scyla. 

Él sabe que un Dios más fuerte 
con la sustancia inmortal
está jugando a la muerte, 
cual niño bárbaro.

Él piensa  que ha de caer como rama
que sobre las aguas flota, 
antes de perderse, gota 
de mar, en la mar inmensa. 

En sueños oyó el acento de una palabra divina; 
en sueños se le ha mostrado
la cruda ley diamantina, 
sin odio ni amor, y el frío 
soplo del olvido sabe sobre un arenal de hastío. 

Bajo las palmeras del oasis el agua buena 
miró brotar de la arena; 
y se abrevó entre las dulces gacelas,
y entre los fieros 
animales carniceros... 

Y supo cuánto es la vida hecha de sed y dolor. 
Y fue compasivo para el ciervo y el cazador, 
para el ladrón y el robado, 
para el pájaro azorado, 
para el sanguinario azor. 

Con el sabio amargo dijo:
Vanidad de vanidades, 
todo es negra vanidad; 
y oyó otra voz que clamaba,
alma de sus soledades: 
sólo eres tú, luz que fulges en
el corazón, verdad. 

Y viendo cómo lucían 
miles de blancas estrellas, 
pensaba que todas ellas 
en su corazón ardían. 
¡Noche de amor! 

Y otra noche 
sintió la mala tristeza 
que enturbia la pura llama, 
y el corazón que bosteza, 
y el histrión que declama 

Y dijo: Las galerías 
del alma que espera están 
desiertas, mudas, vacías: 
las blancas sombras se van. 

Y el demonio de los sueños
abrió el jardín encantado de 
ayer. ¡Cuán bello era! 
¡Qué hermosamente el pasado 
fingía la primavera, 
cuando del árbol de otoño estaba
el fruto colgado, 
mísero fruto podrido, 
que en el hueco acibarado 
guarda el gusano escondido! 
¡Alma, que en vano quisiste ser
más joven cada día, 
arranca tu flor,
la humilde flor de la melancolía!