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Alfred Nobel

 

El arroyo.

 

¿Te acuerdas? El arroyo fue la serpiente buena...

Fluía triste y triste como un llanto de ciego

cuando en las piedras grises donde arraiga la pena

como un inmenso lirio se levantó tu ruego.

Mi corazón, la piedra más gris y más serena,

despertó en la caricia de la corriente y luego

sintió cómo la tarde, con manos de agarena,

prendía sobre él una rosa de fuego.

Y mientras la serpiente del arroyo blandía

el veneno divino de la melancolía,

tocada de crepúsculo me abrumó tu cabeza,

la coroné de un beso fatal, en la corriente

vi pasar un cadáver de fuego... Y locamente

me derrumbó en tu abrazo profundo la tristeza.

Delmira Agustini.