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Alfred Nobel





 

 

EL MAR ETERNO
Pedro Prado


Las aguas de las que beben las plantas, las aguas de las que beben los hombres y los animales, al detenerse se pudren y mueren como todas las cosas.

Ellas corren para no morir, ellas bajan desaladas por las laderas de los montes hacia ti ¡oh mar!

Desde que ellas nacen, te adivinan, te desean, te buscan.

En la cascada claman por ti y blasfeman de ti; en el río vienen rezando el murmurio de una oración.

Que no vienen los ríos a tu encuentro ¡oh mar! a morir; huyendo de la muerte vienen y en ti penetran en el seno de Dios.

Buscan mezclar sus dulces aguas que se pudren con tus aguas amargas y eternas.

Con tus aguas no se ofrecen a humildes menesteres, con tus aguas que queman las tiernas raíces de los árboles y las suaves bocas de los hombres.

A ti ¡oh mar! fuente de la vida, no te someten tus siervos.

A ti no te tasan, te doblegan o te rinden.

Nadie quiera lograr algo del mar por la fuerza, la astucia o la dulzura.

Lleguémonos a él tranquilos y sumisos, como llegan los leños a la hoguera.

Entremos en él como entran las aguas de los ríos.

Despidámonos de la solicitud para con nuestros hijos.

Despidámonos del amor y la justicia y dejemos, para siempre, todas las pequeñas preocupaciones de los hombres.

Que ya nuestras aguas amargas no sirven a ninguno de los seres y de las cosas de la tierra.

¡Y no temamos morir, que de la muerte nos salva el abismo de su eternidad!

De Los pájaros errantes