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Alfred Nobel

 

Díme, vencedor rapaz


Dime, vencedor rapaz,
vencido de mi constancia,
¿qué ha sacado tu arrogancia
de alterar mi firme paz?
que aunque de vencer capaz
es la punta de tu arpón
el más duro corazón,
¿qué importa el tiro violento
si a pesar del vencimiento
queda viva la razón?

Tienes grande señorío;
pero tu jurisdicción
domina la inclinación,
mas no pasa al albedrío.
Y así librarme confío
de tu loco atrevimiento,
pues aunque rendida siento
y presa la libertad,
se rinde la voluntad,
pero no el consentimiento.
En dos partes dividida
tengo el alma en confusión:
una, esclava a la pasión,
y otra, a la razón medida.

Guerra civil, encendida,
aflige el pecho importuna;
quiere vencer cada una,
y entre fortunas tan varias,
morirán ambas contrarias,
pero vencerá ninguna.
Cuando fuera, amor, te vía,
no merecí de ti, palma;
y hoy que estás dentro del alma
es resistir valentía.

Córrase, pues, tu porfía,
de los triunfos que te gano:
pues cuando ocupas, tirano,
el alma sin resistillo,
tienes vencido el Castillo
e invencible el Castellano.

Invicta razón alienta
armas contra tu vil saña,
y el pecho es corta campaña
a batalla tan sangrienta.

Y así, Amor, en vano intenta
tu esfuerzo loco ofenderme:
pues podré decir, al verme
expirar sin entregarme,
que conseguiste matarme
mas no pudiste vencerme.

Sor juana Inés de la Crúz