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Alfred Nobel

 

VICENTE ALEIXANDRE
España, Sevilla (1896-1984)


CONSUMACIÓN 

Si yo fuese un niño, 
si yo fuese un niño, redondo,
quieto y sumergido. 
Sumergido, no; sacado a la luz, estallado hacia fuera, exhibido en esa otra Creación donde un niño es un niño en su reino. 
Pero si sumergido estuve antaño, bajo las aguas de la luz que eran cielo y sus ondas, 
hoy no puedo sino decirlo, tomar nota, procurar explicarlo, 
prohibiéndome al mismo tiempo la confusión de lo que veo con lo que fue y ha sido. 
Todavía el hombre a veces intenta explicar un sueño, dibujando la presencia del amor, 
el límite del corazón y su centro justísimo. 
Aún intentar decir: «Amo, soy feliz; me conformo.» 
Que es tanto como decir: «Soy real.» Pero cuando las hojas
todas se han caído: 
primero las flores, luego los mismos frutos, más tarde el humo, el halo 
de persuasión que rodea a la copa como su mismo sueño 
entonces no hay sino ver aparecer la verdad, el tronco último, el 
despojado ramaje fino que ya no tiembla. 
La desnudez suprema
del árbol quedado 
que finísimamente acaba en la casi imposible ramilla, 
tronquito extremo sin variación
de hoja, 
superación sin música de la inquietante rueda de las estaciones. 

Entonces llega el conocimiento, y allá dentro en el nudo del hombre, 
si todavía existe un centro que tiene nombre y que yo no quiero mencionar; 
si aún persiste y exige y golpea imperiosamente,
porque nadie quiere morir, 
puedes sonreír de buena gana, y burlarte, y mirándolo con desdén quiere morir, 
decir con voz muy baja, de modo que todo el mundo te oiga: 
«Amigo...: todo está consumado.»