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Alfred Nobel

 

TODAVIA ME QUEDA MEMORIA


Todavía me queda memoria,
para sentir fresco y cercano,
todo aquello que llenaba mis días,
cuando asido al filo de tu falda,
sólo esperaba por tu mirada
y un pedacito de tu sonrisa,
para saber cuanto me querías,
para sentir tu protección.

Cómo revuela en mi memoria,
la energía infinita de tu actividad,
pasando de ser nuestra aurora
y parte del milagro de cada día,
al lucero constante, acogedor
de nuestro primer sueño.

Con que ansias rebusco en mi memoria,
las charlas de ensueños y de los inagotables planes,
para entender en que momento hiciste posible,
que aquellos pequeños se transformen en guerreros,
por tu determinación para aceptar y vencer los retos,
por tu fortaleza para tratar de entender la vida,
aún cuando esta se nos iba a jirones,
por todo el tesón y el coraje para jamás aceptar renunciar,
para nunca bajar la frente ni los brazos.

Como catarata se vuelca en mi memoria,
tu esperanza y fe en la vida,
tu convicción de reeditar tantas veces
el ave fénix, para volver a la magia del vuelo
y no renunciar a los sueños,
para mantener rastrillada en el filo de los labios,
aunque moribunda, una sonrisa,
para que el alma se haga fuerte,
para que los ojos no se opaquen
por la humedad de las lágrimas que broten.

Cómo te encuentra siempre mi memoria,
y es que tu abnegada presencia es gigantesca,
en cada rincón de lo imaginable,
en cada día y cada centímetro de vida,
en la continuidad de tu creatividad,
en la inconformidad y la negación de aceptar la inmovilidad,
en la búsqueda constante de ser mejores,
en el combate eterno por ser felices.

Y porque todavía me queda memoria,
me duelen los recuerdos y el alma toda,
cuando poco pueden hacer mis brazos y coraje,
contra la dura secuela de las enfermedades
y el derroche de tus energías en tus años mozos,
pero porque aún me queda memoria,
es que puedo y debo mantener presente tu testimonio de vida
y volver a rastrillar la sonrisa terminal,
y crispar los brazos y la frente como cada día,
para enfrentar cualquier reto futuro,
para amasar cómo tú,
preciosa artesana del dulce y la ternura,
la tarea infinita de alcanzar un nuevo amanecer.

Qué bueno que tenga memoria,
para que se solacen mis hijos de tus enseñanzas,
para esculpir en ellos nuevos guerreros,
que tengan la generosidad tuya y derrochen amor,
para que atesoren siempre la felicidad,
aquella que brota en cada pequeño detalle
y está presente en los días y espacio de los puros de espíritu
como tú mamá, … como tú mamá, …

Sabes? Aunque duela la memoria misma,
siento el consuelo grato de tu sonrisa,
la confortable sensación de tu cariño y compañía,
tu abrigo y aliento permanente,
en la distancia y hasta en los polos del afecto, siento sobre todo,
la presencia de tu imagen
conminándome a ser mejor, a ser bueno,
a superar lo vivido, las charlas locuaces,
para buscar aún más amplios horizontes,
para volar y soñar sin límites.

Pero es que la memoria es diáfana,
por cómo marcas mi sendero …
atalaya constante, mi fiel faro vigía,
con el fulgor y limpieza de tus años íntegros,
de tu estatura exacta, de la ternura sin fin,
más, … la memoria es sobre todo sabia,
para dosificar las películas y su intensidad
para mantener constante,
cálida y nívea tu presencia,
para permitirme ahora decirte
que así te siento,
que así vivirás siempre en mí … mamá.


Milton Álvarez