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Alfred Nobel

 

 

LA SERPIENTE QUE DANZA
Charles Baudelaire


¡Cuánto me gusta ver, querida indolente,
de tu cuerpo tan bello,
como una tela vacilante, resplandecer tu piel!

Sobre tu abundante cabellera
De agrios perfumes,
Mar oloroso y vagabundo
De olas azules y oscuras,

Como un navío que se despierta
Al viento de la mañana,
Mi alma soñadora se prepara para partir
Hacia un cielo lejano.

Tus ojos, donde nada se revela
De dulce ni de amargo,
Son dos joyas frías donde se mezcla
El oro con el hierro.

Al verte caminar con cadencia,
Bella en tu abandono,
Se diría que eres una serpiente que danza
En el extremo de un bastón.

Bajo el fardo de tu pereza
Tu cabeza infantil
e balancea con la blandura
De un joven elefante,

Y tu cuerpo se inclina y se prolonga
Como un fino navío
Que se balancea de borda a borda y sumerge
Sus vergas en el agua.