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Alfred Nobel

 

LA NOCHE DEL ODIO


Suenan sirenas de guerra, la guadaña de la muerte
está presta, afiladas las bayonetas, engrasadas
las escopetas. Una idea se disputa, y mil acres de tierra, los señores de la guerra están coléricos,
tantas vidas se perdieron ya que no se si el fin
justifica los medios, la noche se llena de luces de
muerte, el horizonte está poblado de odio,
llamadas a la lucha sonaron ya, prestos al combate,
resistiendo entre trincheras,
los guerreros quieren guerrear.


Brotes cercenados de impulsos aguerridos, soplos
sanguinolentos que no tendrán fin, causas injustas
que se volvieron justas, claves de razón que
tornaron sinrazón. ¿ Dónde queda la llamada de la
justicia? ¿Dónde está el tributo del equilibrio?
¿Dónde la mortífera sinrazón dará un respiro? Mil
cabalgaduras de acero cabalgan hacia el rencor, mil
conturvenios hipócritas no buscan convenio, mil
excusas inexcusables fuerzan por prevalecer, donde la autocrítica nunca hizo crítica, donde se afianza la idea por autoridad.


Llamadas de honor buscan batalla, huestes
mercenarias vienen a cobrar su lucha,
derroches de vidas están por ingresar,
y la fiera indómita de la guerra no quiere cesar.
Mil vaticinios nuevos
prometen triunfos, casacas aguerridas buscan su
hueco, nada queda del ideal anciano, nada se
escucha de la causa primera,
sólo la ambición quiere despertar.

Torrentes de muerte claman por víctimas, claves de
ambición y poder son sus excusas, y el dios de la
guerra ya desenvainó su espada, como katana que sin sangre no se puede guardar.
Al derroche de sangre se le llamará victoria,
y al recuento de muertos paridad.


Nombrar una causa hijos del desastre, excusa
apocalíptica de una maldad. No miréis al destino sin conciencia de un desatino, no miréis al futuro sin
sangre en que pensar. Cábalas de odio marcaron
vuestros destinos, hoy los sinos se tornan realidad.

Mil fronteras tuvieron en el pasado barreras, y mil
fronteras inquebrantables fueron bondad, hoy el
castigo de la hiel es presente, y nadie lo quiere
rebocar. Danzad con vuestras huestes hijos de la
felonía, romper barreras que se han de destronar,
sólo el aliento de la verdad conforta, y el orgullo
mañana no será verdad. Mil intentos hubo en la
historia, de hacer prevalecer una memoria, pero el futuro es una anodina noria, y trunca la
inconsistente euforia.

Llamad verdad a la mentira, buscar cruzada en el
espolio, la llamada del tiempo no olvida, la voz
del desarraigo tendrá campanas de hiel. Romped
barreras inquebrantables, que volverán a renacer con la libertad, la voz del poderoso no es eterna, lo
único fiel es la libertad, y los muertos, por su
recuerdo, pueden luchar.

La justicia otra vez prevalecerá, la llama del
olvido al verdugo castigará, el tiempo del odio tras
el llanto pasará, y mil tributos de reconciliación
traerá el mañana, y mil cuecas vacías ojos tendrán,
y la mirada de mil hombres la verdad descubrirán.
La suerte del abanto estará echada, las fauces del
depredador cerradas, la volición del justo
recompensada, y un estandarte de ley se erigirá,
donde el electo ideal sea dueño, donde la llama de
razón no tenga frontera, donde el escaño de poder no sea posesión.

Dejad lugar para la trama del ideal,
buscad un sitio para el reino de la verdad,
donde se olviden las afrentas y las derrotas,
donde todo sea esperada paz.
Una mañana quiere olvidar sangres derramadas,
y dar pie así a la confraternidad,
cuando el tributo de la esperanza esté unificado,
cuando la voz elegida sea paz.

Miguel de Asén