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Alfred Nobel



 

 

LA DESPEDIDA


Magnífico Morvén, se alza tu frente
de sempiterna nieve coronada;

al hondo valle bramador torrente

de tu cumbre enriscada

se derrumba con ímpetu sonante,

y zumba allá distante,

la lira de Osián resonó un día

en tu breñosa cumbre:

tierna melancolía

vertió en la soledad, y repetiste

su acento dolor lánguido y dulce,

como el recuerdo del amante triste

de su amada en la tumba.

El eco de su voz clamando guerra

al rumor del torrente parecía,

que en silencio retumba.

Aun figuro tal vez que las montañas

de nuevo esperan resonar su acento,

cual muda la ribera

de las olas que tornan,

el ronco estruendo y el embate espera.

¿Dónde estás, Osián? ¿En los palacios

de las nubes agitas la tormenta,

o en el collado gira allá en la noche

vagarosa tu sombra macilenta?

Siento tierno quejido,

y oigo el nombre de Oscar y de Malvina

del aura entre el rüido,

si el alta copa del ciprés inclina;

y al resonar el hijo de la roca,

cuando su voz se pierde

cual la luz de la luna entre la niebla,

mi mente se figura

que escucho tus acentos de dulzura.

Miro el alcázar de Fingal cubierto

de innoble musgo y hierba

y en silencio profundo sepultado

como la noche el mar, el viento en calma.

¿Dó las armas están? ¿Dónde el sonido

del escudo batido?

¿Dó de Carril la lira delicada,

las fiestas de las conchas y tu llanto,

Moina desconsolada?

Blando el eco repite

segunda vez el nombre de Malvina

y el de su dulce Oscar; tiernos se amaron,

gime en su losa de la noche el viento,

y repite sus nombres que pasaron.

Oscar de negros ojos, en las paces

dulce su corazón como los rayos

del astro bello precursor del día,

y fiero en la batalla de la lanza,

a la suya seguía

la muerte que vibraba su pujanza.

Llamó al héroe la guerra

que el tirano Cairvar fiero traía,

y su Malvina hermosa

tierno llanto vertiendo le decía:

«¿Dónde marchas, Oscar? Sobre las rocas

donde braman los vientos,

me mirarán llorar mis compañeras ¡

no más fatigaré vibrando el arco

por el monte las fieras,

ni a ti cansado de la ardiente caza

te esperaré cuidosa,

ni oiré ya más la voz de tus amores,

ni mi alma estará nunca gozosa.

¿En dónde está mi Oscar? a los guerreros

preguntaré anhelante,

y ellos pasando junto a mí ligeros

responderán: "¡Murió!" Dice y expira

en sollozos su acento más süave

que del arpa el sonido,

al vislumbrar la luna

en solitario bosque y escondido.

"Destierra ese temor, Malvina mía,

Oscar responde con fingido aliento.

Muchos los héroes son que Fingal manda;

caiga el fiero Cairvar y yo perezca,

si es forzoso también; mas tú, Malvina,

bella como la edad de la inocencia,

vive que ya destina

himnos el bardo a eternizar mi gloria.

Mis hazañas oirás y entre las nubes

yo sonreiré feliz; y vagaroso

allá en la noche fría

bajaré a tu mansión, verás mi sombra

al triste rayo de la luna umbría".

Y dice y se desprende de los brazos

de su infeliz Malvina;

a pasos rapidísimos avanza,

y a la llama oscilante

de las hogueras del extenso campo

brillar se ven sus armas cual radiante,

rápida exhalación. Yace en silencio

el campamento todo,

y sólo al eco repetir se siente

el crujir al andar de su armadura

y el blando susurrar del manso ambiente.

Cual por nubes la luna silenciosa

su luz quebrada envía

trémula sobre el mar que la retrata,

que ora se ve brillar, ora perdida

pardo vellón de nube la arrebata,

cielo y tierra en tinieblas sepultando,

así a veces Oscar brilla y se pierde,

la selva atravesando.