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Alfred Nobel

 

LA FATIGA
Pedro Prado

 

Más silenciosa que la brisa llega para el contemplador su activa pereza.

Más suave que un sueño lo envuelve.

Más espesa que un muro lo aísla.

Él está absorto y todo lo ignora y
se ignora a sí mismo.

Sus miradas, como vuelos de mariposas, caen livianas sobre un objeto como sobre una flor.

En sus miradas converge toda la vida dispersa.

Sus miradas brillan sobre el objeto como los puntos luminosos de lentes que concentran los rayos de sol.

Poco a poco el objeto desaparece disuelto por el fuego y un pensamiento brota como el humo
de una hoguera.

Entonces el contemplador vuelve en sí, pasa su mano por la frente y sonríe ante la deliciosa fatiga de un nuevo pensamiento.

[De Los pájaros errantes]