Poemas y Relatos. Portal de Literatura.



Alfred Nobel

EL NIÑO QUE NO QUERIA COMER
NI PENSABA EN BOBADAS

UN CUENTO DE LA VIDA REAL:


Erase una vez……. Un niño blanco, blanco como la nieve, de ojos negros como la noche (en víspera de un eclipse), tan alto, tan alto como la escoba de su casa y gordo, gordo como un chamizo. Este niño se comportaba como cualquier mortal, era juguetón, le gustaba correr, montar patines y demás cosas de un adolescente de su edad (a propósito….. Sus once añitos nunca igualarían a su inteligencia!!!!!), Para comer, su mama le prometía juguetes, bici y muchas cosas más y aun así para él, la comida era un veneno mortal, para el estudio vaya, vaya que problema y matemáticas ni decir!!!.

Una vez este niño hablando con su padre, de las cosas de la vida (y para él cosas de la vida eran: jugar, jugar y dormir); su padre le decía “Saca tiempo de tu vida para elevar una oración al Creador, pídele que te ilumine para sacar adelante tus estudios e inteligencia para aprender a apreciar las cosas que El te ha obsequiado…. Una madre, que se esfuerza por madrugar a preparar tus alimentos, un padre que te ama tanto, tanto que lucha infatigablemente por traer tus ropas y alimentos, una hermana que a pesar de querer todo tus juguetes, cada vez que demoras en llegar a casa, se siente desolada con tu ausencia y quien daría todo por ti”, sin embargo el niño le contestaba “Bah!!!, es mucho tiempo el que pierdo de mis juegos y mi sueño, para decir bobadas!!!”.

Un día de colegio, por la tarde, antes de salir de clases, un compañero deja caer su billetera al piso (sin darse cuenta), y el niño blanco, blanco como la nieve observaba como unos gamínes grandulones se apoderaban de tremendo botín, sin poder hacer nada por temor. Y los gamines al ver que este niño los miraba y miraba con miedo, pensaron “Si lo dejamos ir, él nos puede delatar ante las autoridades, mejor llevémonolo y lo tiramos lejos… jajaja!!!”. Y así sucedió, se lo llevaron para el pueblo vecino (y decir pueblo era poco, por lo inmenso: edificios altos, muchos carros, mucho ruido y sus gentes ni decir…. muy nerviosas y aceleradas a la lata, era el concepto que escuchaba el niño de sus captores), para abandonarlo en pleno centro de este pueblo, solo, solo y sin saber a donde ir.

El niño blanco, blanco como la nieve y flaco, flaco como un chamizo, comenzó a deambular por las calles del inmenso pueblo, buscando a alguien que le ayudara a regresar a su casa, pero…. Nada, todos en aquel sitio se encontraban tan, pero tan ocupados buscando comida y ropas para sus propios hijos, que poco o nada le importaba aquella inteligente criatura de Dios. Pasaba el tiempo, las horas y minutos….. se acercaba la noche en época de invierno, comenzaba a lloviznar y hacer frío…. Y lo peor, hacia muchiiiisimo tiempo que este niño, no comía con juicio, porque su comida se la daba a su hermana, por lo tanto el hambre comenzó a hacerse notar con ansía, y más y más. Entrada la noche un anciano, al verle acongojado en una acera le dijo :”ayúdame a contar estas monedas que he recogido hoy, y te doy la cuarta parte de ellas, de lo contrario no podría, porque no sabría si me quedare sin el desayuno de mis hijos”.

En aquel instante, el niño blanco, blanco como la nieve y de ojos negros, negros, como la noche eclipsada, vio cruzar por su mente la imagen de su padre cuando le decía “Eleva una oración al Creador y da gracias por tener una hermosa familia, donde todo lo tienes, amor, amparo y bienestar y pídele inteligencia para reconocer todo esto” y vio también cruzar los platados de comida que él le daba a su hermana y al perro de su casa, y lo peor de toda la noche….. tener la maravillosa oportunidad que le brindaba aquel anciano de regresar a su casa y él no haber querido aprender matemáticas, para poder contar aquellas monedas y así sacar su cuarta parte. Lo único que pudo hacer aquel inteligente niño fue: Llorar y llorar desconsoladamente.

Aquel anciano lo toma entre sus brazos y sin poder soportar aquel llanto, le entrega todas sus monedas, diciéndole: “Ve niño para tú casa, yo soy anciano, pido monedas porque en mi juventud perdí el tiempo que debía de aprovechar estudiando, sin embargo yo puedo seguir pidiendo…. Y tú aún tienes tiempo para que vayas corriendo a tú casa y te dediques a estudiar y aprovecha todas las buenas oportunidades que Dios te de, para ser un gran hombre, fuerte para que nadie se aproveche de ti, inteligente para analizar las cosas y bondadoso para agradecer y regar la semilla de amor que Dios ha puesto en ti”.

El niño sale corriendo de alegría a abordar el bus que le llevaría a casa, al llegar le esperaba su madre con tremendo plato de comida, su padre con los brazos abierto hinchado de felicidad y que decir de su hermana… con todos sus juguetes dispuestos para él. Llorando de felicidad, les dijo:” Mamá, papá, hermana….. jamas volveré a desperdiciar los alimentos, ni perderé más tiempo de mi estudio, aprenderé bien las matemáticas, todo el tiempo pensaré y oraré al Señor, aún cuando este jugando.

Autor:Anónimo