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Alfred Nobel


GABRIEL DE LA CONCEPCIÓN VALDÉS,
PLÁCIDO (1809-1844)
Escritor poeta cubano

BIOGRAFÍA

 

Nacido en el año 1809 . Es uno de los poetas mejor dotados de la tradición cubana, Plácido alcanzó a expresar una cubanía procedente de sectores populares de la Isla.

Fue un versificador espontáneo, interesado en los asuntos domésticos e inmediatos; ha sido relacionado con el surgimiento de la corriente criollista de la poesía cubana.

Su célebre romance "Jicotencal" parece tener vínculos con el "indianismo". Se dice que iba declamando la "Plegaria a Dios", cuando se dirigía al cadalso, donde fue ejecutado, tras el bochornoso proceso de la presunta conspiración de "La Escalera".

También se ha discutido su paternidad sobre ese poema. Otros poemas suyos son "La flor de la caña", "La flor del café", y el soneto "Muerte de Gessler".


PLEGARIA A DIOS

Ser de inmensa bondad, ¡Dios poderoso!
A vos acudo en mi dolor vehemente;
¡Extended vuestro brazo omnipotente,
Rasgad de la calumnia el velo odioso,
Y arrancad este sello ignominioso
Con que el mundo manchar quiere mi frente!

¡Rey de los Reyes!, ¡Dios de mis abuelos!,
Vos solo sois mi defensor, ¡Dios mío!...
Todo lo puede quien al mar sombrío
Olas y peces dio, luz a los cielos,
Fuego al sol, giro al aire, al Norte hielos,
Vida a las plantas, movimiento al río.

Todo lo podéis vos, todo fenece
O se reanima a vuestra voz sagrada:
Fuera de vos, Señor, el todo es nada,
Que en la insondable eternidad perece,
Y aún esa misma nada os obedece,
Pues de ella fue la humanidad creada.

Yo no os puedo engañar, Dios de clemencia;
Y pues vuestra eternal sabiduría
Ve al través de mi cuerpo el alma mía
Cual del aire a la clara transparencia,
Estorbad que humillando la inocencia
Bata sus palmas la calumnia impía.

Estorbadlo, señor, por la preciosa
Sangre vertida, que la culpa sella
Del pecado de Adán, o por aquella
Madre cándida, dulce y amorosa,
Cuando envuelta en pesar, mustia y llorosa
Siguió tu muerte heliaca estrella.

Mas si cuadra a tu suma omnipotencia
Que yo perezca cual malvado impío,
Y que los hombres mi cadáver frío
Ultrajen con maligna complacencia,
Suene tu voz, y acabe mi existencia...
Cúmplase en mí tu voluntad, Dios mío!