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Alfred Nobel

 

Oleguer, Kelme y el penalti del PP

PILAR Rahola

 

Oleguer me retrotrae a la novela de Peter Handke, que Wim Wenders llevó al cine: en algún momento, todos hemos sido ese portero sufriendo el miedo solitario ante el penalti. Un penalti que, en los partidos de la vida, nunca llega por el lado que uno espera: se cuela por los resquicios de nuestra vulnerable existencia. Sin embargo, hay penaltis que se ven venir y que, incluso cuando cantan el gol, más que una derrota, regalan una inesperada victoria. Miren lo de Oleguer Presas.

El jugador osó escribir un artículo donde exponía las contradicciones del caso De Juana Chaos. Entre ellas, la estridente excarcelación de Rodríguez Galindo, condenado a 75 años de cárcel y que solo ha cumplido 4. Hablaba de zonas oscuras de la democracia, y su análisis, nada pueril, tampoco era altisonante. Quizá lo más sonoro de su reflexión es que no partía de ninguna sesuda cabeza pensante, sino de un jugador que entrena el cerebro tanto como las piernas. Es decir, opinaba de política como ciudadano quien, a su vez, es un ídolo deportivo. Todos ustedes deben de conocer las repercusiones: comentarios incendiarios en la brunete, exaltación patria de los agitadores y la decisión de Kelme de rescindir su contrato. Si Oleguer hubiera dicho "viva España", o repetido las proclamas contra la excarcelación del preso, le habrían hecho un monumento, pero fue incorrecto, y esa libertad de pensamiento es el problema.

¿Quién es Kelme? Una empresa que recibió 9 millones de euros del Gobierno valenciano. Una empresa que ha reflotado Enrique Pérez Boada, miembro del Opus y dirigente del PP. Una empresa que te- nía de director deportivo a Vicente Belda, miembro del PP, cuyos líderes se paseaban con su equipo de ciclismo. Es decir, Kelme no es inocente ni neutral, y por ello no estamos ante una decisión empresarial, sino ante una persecución po- lítica. A Oleguer no le castigan por hablar, sino por decir lo que no quiere el PP. De ahí que el penalti que le han marcado sea una victoria. Visto el ADN de Kelme, ¿merece Oleguer llevar la marca que paga Zaplana ? Hay represalias que no son un castigo, son un regalo.

FUENTE: El periódico.com/opinion